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  • Categoría: Historia
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José Martí, significado y vigencia de su obra

El 19 de mayo de 1895, se cumplen hoy 126 años, cayó de cara al sol como un bravo en Dos Ríos, el Héroe Nacional cubano y Apóstol de nuestra independencia, el Mayor General del Ejército Libertador José Julián Martí Pérez.

El fundador del Partido Revolucionario Cubano (PRC), el organizador de la Guerra Necesaria, el compañero de filas del Generalísimo Máximo Gómez, había ocupado su puesto en la vanguardia de la lucha contra el coloniaje español, tras el desembarco por Playita de Cajobabo el 11 de abril, para sumarse a las acciones bélicas.

En carta inconclusa dirigida a su amigo Manuel Mercado, escrita la víspera del fatal desenlace y devenida su testamento político, dejó plasmado su compromiso con la Patria como consta en las siguientes palabras.

“Mi hermano queridísimo… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber – puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo –  de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”.

En la mencionada misiva inconclusa dijo a su amigo al referirse a su arribo a Cuba: “Llegué, con el general Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas., cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle, alzamos gente a nuestro paso., siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla.

Más adelante afirmó “Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento”. Y así sucedió con su caída en combate, como había expresado ante los tabaqueros de Tampa: “que hermoso sería morir a caballo, peleando por la libertad de Cuba, junto a una palma”.

El Martí nuestro de cada día murió para vivir eternamente en  el corazón de su pueblo. Fidel lo proclamó como autor intelectual del asalto al cuartel Moncada, y sus prédicas y sus enseñanzas han signado con absoluta vigencia el curso de la Revolución cubana desde el triunfo de enero de 1959  hasta nuestros días.

Un hombre que tanto aportó a su amada Patria, solo pidió tener en su tumba un ramo de flores y una bandera, deseo que se cumple en el cementerio patrimonial  Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, donde reposan sus  restos inmortales.